VERDADES Y MITOS SOBRE LLEVAR A LOS NIÑOS A LA PLAYA

VERDADES Y MITOS SOBRE LLEVAR A LOS NIÑOS A LA PLAYA

Que un niño se ahogue no es un temor infundado, pasa continuamente, pero también es algo que se puede evitar. Por eso los padres deben tener cuidado y tomar precauciones, siendo conscientes del tipo de cosas que pueden hacer sus hijos y de lo que puede pasar.


El ahogamiento, en realidad eso es lo que temen todos los padres cuando llevan a sus hijos a la playa. Vamos a hablar de ello y a prevenir cualquier situación.

Los niños corren, de acá para allá, a menudo se escapan lejos, pasan desapercibidos y cuando te quieres dar cuenta se han metido en el agua. El objetivo es que no estén nunca tan fuera de nuestra vista que, si vemos que tienen problemas, no podamos ir en su ayuda. Se necesitan sólo cuatro minutos sin oxígeno para que se produzcan daños cerebrales irreversibles, así que toma nota de los mitos que te vamos a contar y mantén a tus hijos felices y a salvo cada verano en la playa.

Mito 1: “Si mi hijo está en apuros, yo lo sabré”

La verdad es que no. No tiene por qué. No escucharás necesariamente lo crees que deberías escuchar. Los niños pequeños no saben cómo reaccionar cuando se meten en problemas en el agua, o cómo salir. Los niños más mayores también pueden ser incapaces de pedir ayuda si están luchando por respirar. Vigílalos bien, ten un ojo encima de ellos todo el tiempo, y si sus golpes se vuelven erráticos o su cuerpo se hunde, corre.

Mito 2: “No tengo una piscina, así que no hay problema”

Los niños no sólo se ahogan en piscinas profundas o en el mar. Solo cien milímetros de agua pueden ser fatales para un niño pequeño. Los padres y cuidadores debemos ser conscientes de los peligros del agua que existe alrededor del hogar. Esto incluye los estanques de peces, las piscinas hinchables, las bañeras, los arroyos e incluso los desagües abiertos.

Mito 3: “Mi hijo sabe nadar, no hay riesgo de ahogamiento”

Los niños de entre 1 y 3 años de edad, debido al peso desproporcionado de sus cabezas, pueden “volcar” fácilmente, y tener dificultades para levantar la cabeza y respirar. Así que cuidado. Siempre que un niño esté cerca del agua, sin importar su edad, es necesaria la supervisión de un adulto. Un niño mayor puede ser buen nadador, pero las situaciones de peligro son siempre una incócnita: muchas veces nada sale como sería lógico que sucediera. Si estáis en un río o lago y crees que hay peligro, unos manguitos, un flotador e incluso un chaleco, nunca está de más.

Mito 4: “No tengo que preocuparme, ya hay vigilancia”

Por desgracia, la supervisión de los adultos no siempre es suficiente. Debes enseñar a tu hijo a nadar correctamente, y siempre hay que tomar otras precauciones:

  • Estar atentos cuando los niños están cerca del agua.
  • Mantener la puerta de la piscina cerrada con llave. O cubrirla piscina con una cubierta certificada.
  • Asegurar que las puertas y redes se encuentran en buen estado.
  • Hacer un curso básico de primeros auxilios y RCP  puede marcar una gran diferencia en el resultado si se aprende bien y se mantienen frescos los conocimientos.
  • En cualquier situación de emergencia, ponte en contacto de inmediato con el número de emergencias.
  • Memoriza el número de servicios de emergencia y guárdalo en tu móvil.

Reconocer una emergencia

No siempre puede ser obvio que un niño u otro nadador está en problemas… Los siguientes signos indican que sí lo está:

  • Si una vez que están en tierra, la respiración es trabajosa, o si son incapaces de controlar su tos.
  • Si su color de piel tiene un tinte azul. La piel puede estar pálida y fría.
  • Si vomita o tiene el estómago hinchado. Si parece perder la conciencia y su pulso es muy rápido o lento.
  • Si está inconsciente, o si sospechas que hay una lesión en la columna.

Lo que usted puede hacer para ayudar:

  • Nunca trates de rescatar a alguien si vas a poner en peligro tu vida, ¡pide ayuda!
  • Si crees que puede haber una lesión en la columna y no se requiere RCP, el paciente no debe moverse. Mantenlo acostado boca arriba hasta que llegue la ayuda.
  • Si tiene que ser movido, desliza un tablero bajo su cabeza, espalda y nalgas, teniendo cuidado de mantener la cabeza y el cuello alineados.
  • Si no respira, pero tiene pulso, realiza la respiración boca a boca. En cuanto empiece a respirar de nuevo vomitará el agua que haya tragado. Colócalo de lado con la cabeza más baja que el torso para despejar las vías respiratorias.
  • Si no hay pulso, colocar al paciente en una superficie dura y hacer RCP, teniendo cuidado de no estirar la cabeza hacia atrás.
  • Mantener el calor y tratar la hipotermia si es necesario.
  • Llama a un médico, siempre, incluso cuando ya estérecuperado por completo.
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