PAQUI GARCÍA, UNA MADRE OLÍMPICA

PAQUI GARCÍA, UNA MADRE OLÍMPICA

"Quien quiera convertirse en campeón olímpico debe tener mucho cuidado al elegir a sus padres", afirmaba con humor el investigador sueco Per-Olof Åstrand. Este verano, cuando estés viendo las Olimpiadas y enfoquen a las gradas, fíjate en la mujer que aprieta las manos contra su boca para evitar que el corazón se le salga; en la que se desgañita con gritos de ánimo y en la que se recoge en una plegaria mientras el resto del pabellón es pura adrenalina… ¡Todas son madres de deportistas!


¡La fuerza está en casa! Paqui y las demás madres de los atletas no figuran en el staff del equipo olímpico español, pero deberían: en su día detectaron la chispa del talento en sus hijos y la alimentaron con amor y determinación, ¡hasta hoy!

Un atleta excelente ¿nace o se hace?

Pues un poco de todo. El talento deportivo tiene un componente genético y fisiológico, pero también requiere otros ingredientes: una mente capaz de gestionar el cóctel molotov de exigencias e implicaciones y una familia sólida y dispuesta al sacrificio, que desempeña un papel de cimiento invisible no siempre reconocido.

Paqui García, una madre olímpica

"Toda la familia se ha adaptado a las competiciones de Mireia", dice Paqui García. Paqui es la madre de Mireia Belmonte, la mejor nadadora española de todos los tiempos: campeona del mundo de 2014 (cuatro oros en piscina corta). Dos medallas de plata (mariposa y estilo libre) en las Olimpiadas de Londres; y dos oros, dos platas y dos bronces en el último europeo.

Todo empezó con una escoliosis, recuerda Paqui ante el álbum de fotos familiar. "Mireia tenía tres años y el pediatra dijo que tenía que nadar. "Pues tendrá que aprender porque no sabe", le contesté. Y aprendió. Desde el primer día le gustó mucho. Estuvo en el Club Natación Badalona y, con 12 años, se fue al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat. Jamás le habría pedido que lo dejara, pero me daba pena porque no era la vida normal de una niña y creo que las cosas que no vives en su momento, se pierden. Pero ella es feliz. Eligió vivir su vida así".

Mireia, una nadadora de corazón

Lo que Paqui no cuenta es que a los 11 años Mireia ya era campeona de España en varias categorías... y no había hecho más que empezar. "Nadie le ha regalado nada, todo lo ha logrado con talento, esfuerzo y ambición. Si no eres ambicioso, no consigues nada. A Mireia no le gusta perder (pero no pierde mucho, así que no hemos tenido que consolarla demasiado); lo que sí sabe, por fortuna, es ganar. Es muy humilde. Intenta tratar bien a todo el mundo y, si le piden fotos o autógrafos, accede con una sonrisa".

Paqui señala otra foto. "Tendría tres añitos, mira qué mona. Ella odia ese flequillo, pero tiene un gesto que era muy suyo, de timidez. Siempre fue una cría muy dulce, cariñosa y responsable. Y sigue igual". Paqui explica que, "como todos los padres, hemos sacrificado mucho: los fines de semana eran para las competiciones y toda la familia se ha adaptado a ella.

“Las bodas se organizan en torno a su calendario. ¡A ver, si queremos que esté, tiene que ser así! Lo peor es la tensión de las competiciones, ahí sufro. Y con la presión que tiene. Dicen que es una de las grandes esperanzas para medalla y yo pienso en ese listón cada vez más alto... Pero ella está orgullosa de representar a su país y sería muy feliz si ganara una medalla para dedicársela a España. Así es como lo siente: si las cámaras la enfocan a ella, están enfocando a su país. Eso es precioso".

Mamá, su primera entrenadora

Sin conocerse, Paqui y las otras madres de los atletas olímpicos españoles se comprenden: saben de las renuncias, los fracasos y los problemas de la gloria. Mari Carmen Jiménez, la madre de Silvia Navarro, portera de la selección de balonmano verá los partidos desde Cullera, mirando solo a medias y con el corazón en un puño. María Herrero, madre de Marta López, otra de las guerreras, la jaleará desde Málaga. Y la veterana Maite Farrés aplaudirá a Rudy Fernández en sus cuartos juegos. Ellas saben cómo es el largo camino hasta el Olimpo y por todos esos méritos invisibles, P&G, patrocinador oficial de los Juegos Olímpicos de Río 2016, les dedica la campaña “Gracias, mamá”, que reconoce su aportación a la carrera deportiva de sus hijos.

El homenaje se hace extensivo a todas las madres que día a día ayudan a sus hijos a vencer dificultades y alcanzar sus logros. Cuando los hijos acarician la gloria, ellas permanecen en segundo plano… Pero hoy son nuestras protagonistas.

Fuente: Mujer Hoy

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