Pasando la tarde en urgencias

NOVIEMBRE 2013

Llega el frío y con él los catarros, los mocos y como toda madre, toca pasar más tiempo en el médico que en cualquier otro sitio.


Pasando la tarde en urgencias

29/11/2013

No sé si habréis pensado alguna vez en la cantidad de horas que pasamos en las salas de espera de los médicos los que tenemos hijos menores de 10 años. Son tantas, tantas, que si la seguridad social pusiera formadores en los descansillos, saldríamos todos con dos títulos oficiales de primeros auxilios y uno de taxidermia y otro de corte y confección al año. Para actualizar el currículum, ideal.

Con los primeros hijos las visitas al médico se quintuplican. Vas si tiene una peca, si no la tiene, si no come, si come mucho, cualquier excusa es buena para preocuparse, hiperventilar y salir de casa con el niño en volandas hasta las urgencias más cercanas.

Y cuando llegas, el niño revive. Da igual los millones de grados centígrados que soportara su frente al salir de casa, cuando llegáis a la recepción de urgencias el niño sonríe y le hace cucamonas a la mujer que te da la cita. No falla. Ella te mira con cara de ¿Qué, no tenías plan esta tarde y has decidido venir a probar nuestras nuevas sillas de plástico, eh? Efectivamente, eso es. Hoy había quedado con mi prima Pili pero como se ha ido al bingo, me he dicho, vámonos al médico a echar la tarde Pero mientras piensas eso inconscientemente deseas con todas tus fuerzas que el niño vuelva a sentirse malísimo, para que el médico que finalmente te atienda, no dude también de tu vida social.

Mientras esperas tu turno, con el niño cargado sobre la cadera en perfecto escorzo gitano, es el momento ideal para socializar con los demás padres de niños con mocos que te rodean. Y son cientos de miles. Si es la tercera vez que vas en esa semana quizá hasta coincidas con alguien conocido y te puedas echar una charla amistosa. Nada como encontrar una cara conocida en momentos duros.  Los padres que no forman parte del grupo de asiduos seguro que quieren intimar y terminarán preguntándote ¿Qué le pasa al pequeñín? ¿Diarrea? ¿Vómitos? ¿Gripe?... Venciendo el terrible sopor que te da la conversación terminarás contándoselo y, sí, efectivamente, él o ella también terminará contándote las veces que su hijo ha vomitado esta noche y, si es de naturaleza descriptiva, lo mismo hasta te detalla textura y color. Arrgg.

Después de dos horas de espera, atando fuertemente al niño contra tu pecho para que pene sus dolores y sudores pegado a ti y evitar así que se vaya a correr por las escaleras, el médico dice su nombre. Yupi. Tú te levantas como un rayo, con el niño otra vez sobre la cadera y pasas a explicar detalladamente y con algo de drama, los síntomas que te han traído hasta aquí. No hace falta que me los cuentes, ya te digo yo el diagnóstico : Es un virus, mucha agua, antitérmicos y reposo.

Tres minutos después vuelves a casa con la sensación de que te podrías haber ahorrado la visita pero con la medalla de buena madre bien visible a dos milímetros de tu pecho. Es lo que tenías que hacer y punto. ¿Perder horas y horas y a cambio quedarte tranquila? Pues, oye, que sea así siempre…

 

Dibujos o Chuches

Pesadillas con el festival de Navidad

22/11/2013

Cómo cada año, se acerca el festival de navidad del cole con todo lo que supone. Aquí, una madre de tres hijos, ya está con pesadillas.

Cada año en el cole de mis hijos nos lo ponen más difícil. Yo creo que cuando se proponen de qué van a ir los niños vestidos en el festival de Navidad, piensan en mí, oye. Tengo amigas de lo más mañosas que con cuatro cositas hacen unos disfraces maravillosos pero yo, muy a mi pesar no soy de esas.

He de deciros que progreso adecuadamente, con el mayor no sabía yo ni lo que era el foam, y ahora domino esas palabrejas que tanto utilizan las madres mañosas. Foam, goma eva, pistola de silicona, whasi tape…. Lo que he mejorado oye, pero nada mi escasa imaginación y mi poca soltura con la aguja y el hilo hace, que cuando me llega el papelito de “su hijo tiene que ir vestido de…” me eche a temblar.

No, no quiero seguir leyendo, se que a partir de ese momento tendré pesadillas pensando cómo puedo intentar que mis retoños no sean el hazmerreír del colegio. Y es que las madres de mi cole son mañosas la mayoría, oye y no les da por ir al chino de turno a comprar el disfraz no, se quedan hasta altas horas de la noche, haciendo un preciosísimo disfraz digno de ganar un concurso. Y claro, a una le tiemblan las piernas sólo de leer la dichosa notita.

Agárrense porque… Víctor este año va de langostino… sí, sí tal cual. Yo no sé si su profe habrá tenido una indigestión de espumillón para tremenda proposición, pero cuando lo leí por poco me da un colapso.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo y a mi cabeza venían trozos de foam naranja y antenas, mientras hacía un recorrido mental por todo su armario intentando recordar si teníamos una camiseta de manga larga de tan veraniego color. Mientras me encaminaba a recoger a Bruno, vino corriendo emocionado gritando: mamá voy de molino. ¿Perdona? Pero hijo, ¿en vuestra clase nadie va de pastores, estrellas o algo más normalito? Sí mami pero yo soy el único molino…. No, sí encima me tengo que alegrar por la exclusividad. Manda narices.

Una en ese momento desea que la profesora en el último momento me diga que va de pastor, pero no, con una sonrisa y encima teniéndome que sentir orgullosa del pequeño actor que tengo en casa, me suelta: le he puesto de molino porque es tan gracioso, que cómo no para quieto y tiene que estar toda la función moviendo los brazos, quién mejor que él. Bruno cariño, ¿el mes de noviembre no puedes mutar en un niño tranquilo? Con lo guapo que ibas a estar tú con esos rizos de pastorcillo, madre! Mientras me doy cuenta que mi pensamiento lo he dicho en alto y mi hijo me mira con cara de “mi madre se ha vuelto loca”, me recompongo mientras me consuelo a mi misma pensando que al fin y al cabo el de molino es más fácil que el de langostino. ¿Pero cómo narices hago yo un disfraz de langostino? Llego a casa y hago como cualquier madre falta de imaginación como yo, poner en internet, “disfraz langostino”. ¡Madre mía! Hagan la prueba verán…

Mientras digiero las fotos que estoy viendo, viene mi madre con la niña de la guardería llorando. ¿Qué le pasa?, acierto a decir desconcertada sin quitar mis ojos del ordenador. Que va de mula y ella quería ir de Virgen María con su nenuco. ¿Pero qué pasa? Nos hemos vuelto locos, hemos hecho pleno este año. Ni uno va de algo normalito no, para qué?

Cogiendo en brazos a Marina para consolarla, le digo que ella es la figura más importante del Belén, ¿que hubiera sido del niño Jesús sin una mula hija mía?, la mula era el Samur de hoy en día. Vas a estar preciosa, bueno preciosa no sé, pero abrigadita vas a ir. Positiva que es una ;)

Eso sí, no sé si, cuando salgamos del portal el día de la función, me quitan la custodia.

Dibujos o Chuches

¿Dibujos o chuches?

15/11/2013

Negociar con los hijos nunca es fácil. Mientras te sales con la tuya por una cosa, cedes por otra, y así día tras día. ¿Dónde está el manual de instrucciones?

Basado en hechos total y absolutamente reales.

  • Mira mamá, chuches por el cumple de un niño del cole.
  • Qué ricas, peque, pero no las puedes abrir ahora porque vamos a cenar dentro de un ratito. Cuando te comas el arroz, las verduritas y el filete, de postre te doy una chuche, ¿quieres?
  • ¡Vale! ¡Gracias, mamá! (besos y abrazos)

Mientras voy hacia otra habitación, pensando en lo buena madre que soy y en lo bien que se me da negociar, oigo…

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  • ¿Abres las chuches ya, mami?
  • No, cariño, después de cenar. Cuando te comas el arrocito, las verduras y el filete, comerás una de postre.
  • ¡Noooo! ¡Quiero ya! (Llanto de nivel medio)
  • Después de comer, cariño, ahora no.
  • Vale. Cenamos y luego chuche roja, ¿vale?
  • Vale.
  • ¿Puedo abrirlo ya?
  • Aún no hemos cenado.
  • Ah, vale.

Dos segundos y tres décimas después…

  • Ábreme la chuche, mami (Llanto in crecendo)
  • Después de comer, cariño. Primero cena, luego chuches - digo mientras experimento la extraña sensación de haberlo dicho ya antes.
  • Ah, vale (Abrazos)

Decididamente soy muy buena madre y él me está entendiendo perfectamente, sabe que lo hago por su bien y algún día me lo agradecerá con un bonito collar de perlas…

  • Cuéntame, ¿qué has hecho hoy en el cole?
  • Tengo chuches, me como una ahora, ¿vale?
  • No, cariño, después de cenar te he dicho.
  • Entonces piruleta.
  • No, mi amor, piruleta tampoco, sólo después de cenar.
  • ¿Ni chuche ni piruleta? - me dice como insinuando lo injusta que está siendo esta mierda de trato.
  • Al menos ahora no. Cuando cenes.
  • Pero yo lo quiero yaaaa. (Lloros fuertes y perfectamente audibles acompañados de patadas al sofá y algún aspaviento más en forma de molinete invertido sobre el suelo del salón)
  • Sólo tienes que esperar un poquito, mi amor, en cuanto cenes, te lo doy, te lo prometo.
  • ¿Me dejas ver un poco la tele hasta que cenemos?

 …. Mmmmm… los dibujos a esta hora no me gustan, pero la alternativa es tenerle agarrado a mi rodilla pidiendo una y otra vez lo mismo…. Mmmmm

¡Vale! , pero sólo un ratito…

  • ¡Gracias, mami! ¡Eres la más mejor!

Ahora no hay besos, ni abrazos, simplemente sale escopetado hacia el sofá, mientras yo camino cabizbaja y pienso…Mierda, me ha vuelto a ganar. Soy una mala madre de libro. ;)

Novios además de padres

Novios además de padres

08/11/2013

Cuando los hijos llegan a la vida de una pareja, parece que el mundo se para. No dejar de tener esos momentos sin niños es fundamental. Una escapadita de vez en cuando es muy recomendable.

Siempre he pensado que no sonreír es como dejar de regar las plantas, tarde o temprano algo se pocha o se mustia y luego cuesta mucho trabajo resucitarlo. Así que para evitar males mayores, que esto de la vida diaria conlleva siempre cierta quemazón, he decidido sorprender a mi señor esposo con un viaje de fin de semana a un spa, para poder mostrar nuestras carnes prietas en una piscina llena de burbujas, mientras tenemos conversaciones de adultos cuyas frases no incorporen las palabras “moco”, “duérmete”, “come” o “bájate de ahí, leches”.

Lo primero de todo, antes siquiera de meterme en internet para ver ofertas baratitas, fue conseguir alojamiento temporal para nuestros tres retoños. Aprovechando que mi suegra nos debía una, porque en el último mes le hemos llevado croquetas a mi suegro hasta en seis ocasiones cada vez que ella se va a hacer yoga, que mucho yoga me parece a mí para alguien de su edad todo sea dicho, aparecimos en su casa el viernes a medio día con tres maletas, tres peluches y unas ganas locas de decir…”Ahí os quedáis, amados hijos…”.

Su hijo, a la sazón mi marido y padre de las criaturitas, aún tuvo temple para pedirle a mi suegro que el sábado tenía que llevar al mayor al fútbol. La cara de su madre, toda ella digna de un drama griego. No daba crédito, la pobre.

Nada más poner un pie en la estación, livianos y ligeros como plumas, sin niños que corretearan entre maletas ajenas, nos sentamos a tomar un café y nos dimos cuenta de que hacía exactamente ocho años que no viajábamos los dos solos. Que se dice pronto. La última vez fue aquel viaje exprés a París que hicimos cuando ya sabíamos que queríamos quedarnos embarazados y a mí me entró una necesidad imperiosa por hacer cosas que sabía que no iba a poder hacer en mucho tiempo: viajar, comer embutidos, enseñar el ombligo… Así que durante cinco días recorrí París con ibéricos de todo tipo en el bolso, más un frasco de boquerones en vinagre y luciendo una camiseta tres tallas más pequeña, vamos, como recién salida de una película de Alfredo Landa y José Sacristán.

Nuestro viaje  en tren fue lo más placentero que recuerdo en mucho tiempo: música, un buen libro y la más absoluta calma, sólo interrumpida por los codazos de mi marido cuando quería comentar conmigo alguna noticia del periódico. Comentar lo de la prima de riesgo, tiene un pase, pero dilucidar si Mouriño era mejor que Ancelotti, la verdad, no es de recibo. Al cuarto codazo decidí hacerme la dormida y simular fuertes ronquidos, qué remedio.

Sinceramente creo que el médico debería recetar a todos los padres tres días solos en algún lugar, para recuperar algo de brío con que enfrentarse de nuevo al día a día. Volver a ser novios por un fin de semana te da fuerzas de sobra para aguantar después los horarios extenuantes, las malas noches y las ganas de más que provocan esos besos furtivos que los padres solemos darnos lunes, miércoles y viernes, mientras vamos y venimos corriendo por cualquier pasillo, como los mozos en los Sanfermines. Por aquello de volver a ser pareja además de padres, ¿no?

Mi amiga embarazada no es mi amiga

Mi amiga embarazada está como embrujada

01/11/2013

Toda mujer sabe del poder de las hormonas, sin saber porqué nos hacen llorar o reír sin motivo. Si a esto se une, un torrente de sentimientos contradictorios como los que trae consigo un embarazo, es una bomba.

Tengo una amiga que hasta hace apenas cuatro meses era un estupendo ser humano, razonable, cariñosa e infinitamente más risueña que la media de la población mundial. Los pajarillos cantaban a su paso, llevaba flores en el pelo y cuando entraba en una estancia, ya fuera ésta una pescadería de mercado, un establo o un casino clandestino, inmediatamente quedaba contagiaba por su olor prodigioso y de inagotable dulzor. Eso hasta ayer, porque hoy mi amiga es un orco. Y de los asesinos. Con una mala leche y un resorte tal en el enfado que harían palidecer al difunto Umbral. Quienes la conocemos sabemos que esta trasmutación en escarabajo pelotero es debida al tremendo vapuleo hormonal fruto de su incipiente embarazo.

…Y es que no hay quien la soporte, se lo juro, amigos. No hay nada que vea bien, nada que le plazca o que mínimamente le agrade, no se aguanta ni a sí misma, no digamos ya a los demás. Si le dices A ella dice B, si le dices B ella llora porque ya nunca podrá elegir el A. Si no le das a elegir, se enfurruña y se va, llevándose a casa su Scatergories y su mal rollo, a rumiar en silencio el primer drama que se le ocurra.

Su marido está siendo tratado por profesionales del sector de la psiquis porque ya no sabe muy bien si está casado con aquel pibón de su facultad o con Jiménez Losantos. El pobre está demacrado, perdido, aturdido y vaga por las calles sopesando entre ir a casa a cenar o pasear remojando los piececillos en las calmadas aguas de una fosa aséptica. A pleno pulmón, respirando todo él.
Yo trato de mediar entre ellos argumentando que según mi experiencia, el carácter se dulcifica de nuevo al dar a luz, aunque sobre esto Pablo, mi marido, tiene ciertas reticencias. Cuando las manifiesta le doy una patada en la espinilla por debajo del faldón de la mesa y continúo con mi exposición. Los días en que cenamos los cuatro juntos sólo yo sé por dónde está pasando mi amiga y la empatía me hace comprenderla, perdonarla y acariciarle la cabeza con amor fraternal; pero luego me pega un bufido por cualquier cosa y se me va toda comprensión al carajo.

…Porque estás a merced de las hormonas, amiga mía, por eso nadie te entiende. En un momento canturreas feliz por el amor inmenso que te produce llevar un bebé en el vientre y veinte minutos más tarde, normalmente cuando te despiertas tras la cabezada que el sopor te ha hecho dar sobre el hombro de un señor en el autobús, te sientes la mujer más sola y más desgraciada del mundo, aterrorizada porque no ves momento ni lugar para que ese bebé salga a conocer mundo y así poder recuperar la propiedad de tu cuerpo.

Te miras en el espejo y sólo ves dos grandes pechos donde antes iba holgada una talla 85 (qué felicidad) luego tratas de vestirte y cuando nada te cabe o te cuesta más esfuerzos que volver a ponerle el pellejo a una morcilla, caes de nuevo al pozo oscuro.
Picoteas sin orden ni concierto de todos los platillos que ves a tu paso, atracas frigoríficos ajenos, encantada de poder comer por fin a tus anchas y mandar a Algeciras la dieta y sus esclavitudes (qué felicidad) luego, cuando ves que te has comido treinta y dos botes de mayonesa untada en pan y dos flanes, lloras desolada porque te visualizas en tres meses sacándote la gargantilla y dos bolis olvidados entre los pliegues del cuello.

Tus amigas te dejan bolsas y bolsas de ropa (qué felicidad) pero en cuanto abres la cremallera descubres que lo más sexy que hay en toda la colección es una batamanta con pelotillas que sólo deja entrever hasta media pierna y te consuelas pensando que escondida estarás mejor…

Con este subibaja emocional y este desequilibrio ¿cómo no dejar fluir tu mala leche? Cuando alguien invente un remedio para que dentro del cuerpo de una embarazada no fluyan más hormonas que en Gandía Shore, las sufridoras gestantes podremos, podrán, vivir una vida normal con el resto de sus convecinos. Hoy por hoy, amigos, es imposible. De todas, todas.

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