Noviembre 2012

NOVIEMBRE 2012

Estas páginas del diario de Margarita son para no parar de reír, seguro que con el “momento post parto” te vas a sentir identificada, pero con “las grandes madres de la historia” seguro que te mueres a carcajadas, y la verdad… no hay mejor manera de morirse que de risa.


Pues nada, aquí pasando el día

(30/11/12)

El otro día recibí un whatsapp de una amiga parturienta escueto, muy escueto, apenas tres angustiosas palabras “Vente, te necesito” Como sabía que estaba ingresada en la habitación número 105 del Hospital Marinieves me alarmé pensando que el parto se había complicado, que en vez de uno venían cinco, que uno de ellos sería notario y mil locuras más.

A la mañana siguiente corrí al hospital en cuanto me fue posible y la encontré tumbada en la cama con su niña en brazos, feliz, pero agotada.

  • - ¿Qué tal el parto?
  • - Bien
  • - ¿Y la noche? ¿Cómo habéis pasado la noche?
  • - Bien, muy bien.
  • - ¿Se ha enganchado bien al pecho?
  • - Perfectamente
  • - ¿Y entonces qué te pasa, reina?
  • - Mira detrás de ti…

Cuando me volví comprobé con horror cómo apostados entre el sofá y la puerta del armario había veinticinco familiares, seis amigos y otros tantos contactos de Facebook si consanguineidad alguna con el recién nacido. Unos con bocadillos de calamares entre las manos, otros absortos frente a un libro, otros con la cámara en ristre en plan turista japonés sacándome fotos a mí ¡a mí! cuán hartos no estarían de sacarle fotos a la madre y al bebé. Todos abrigados, cómodos y calentitos sin muchos visos de abandonar su puesto de centinela en todo el día.

Su marido, extasiado por el momento y por el dolor de espalda morrocotudo que provocan los muelles del sofá, temo que era incapaz de echarlos así que en seguidita lo comprendí todo. Mi amiga me necesitaba y yo no pensaba defraudarla.

Con la rapidez mental para los desalojos que te da haber parido tres veces cogí el paraguas, lo alcé sobre mi cabeza a modo de guía turística en la catedral de León y fui conduciendo amablemente a los observadores, uno por uno, hasta la puerta de salida. En el pasillo los dejé comentando la jugada y preguntándole a la enfermera si se podían quedar para ver a otros bebés.

Cuando volví a entrar en la habitación encontré a mi amiga durmiendo plácidamente, abrazada a su recién estrenada familia, así que cogí mi abrigo y muy discretamente me fui. Mientras salía del hospital pude ver cientos de familiares de las otras habitaciones que rondaban desorientados por los pasillos de Maternidad. Pensé ponerme un chaleco reflectante e invitarlos a todos a abandonar las instalaciones pero era tarde y debía volver a la oficina. Como pude improvisé un cartel donde podía leerse en letra gorda : Visítame, sí, pero por favor no te quedes a vivir.

Espero de todo corazón que los visitantes se apiaden y los próximos ingresados puedan disfrutar de un postparto íntimo, que ver al jefe de tu marido mientras estás descalza y en camisón, no creo que sea muy terapéutico… ¿no?

Grandes madres de la historia

(09/11/2012) Grandes madres de la historia

Nada hay para elucubrar y pensar en tonteces como una larga noche de insomnio. Ayer mi querido hijo mayor sufrió una buena tanda de pesadillas variadas, con todos los malvados conocidos del firmamento y entre grito y grito, sudores y más sudores, a mí ya se me fueron las ganas de dormir.

Teniendo tantas horas por delante me dio por pensar en todas esas madres que por una razón u otra, a cual más descabellada cada una, nos acompañan en nuestros pensamientos diarios, enseñándonos con su gran legado las virtudes que debemos desarrollar y las que debemos ocultar bajo el sofá, junto con las pelusas. Puede que falten ejemplos, no digo yo que no, pero esto es todo lo que se pudo sacar de mi particular noche en vela…

La Madre de Bambi: RIP. Óbito que marcó a toda una generación. O dos. Qué dramón, amigos. Treinta años han pasado y aún no me he repuesto. Es ver un ciervo y entrar en cuadro ansioso. Mismo sentimiento me provoca la madre de Jackie y Nuca, aquellos del Bosque de Tallac, que mira que había querencia a matar a las madres en los dibujos de nuestra infancia…

La Madre que parió a Panete : Ejemplo de mesura, prudencia y discreción, vive en la sombra y nadie se acuerda de ella excepto cuando te das de morros contra el quicio de una puerta, se te cuela alguien en el carril tras dos horas para pillar el desvío o entras en el salón y lo encuentras redecorado por rotuladores en tonos tierra y melocotón

La Señora Jumbo: Más conocida como “La madre de”, como nos pasa a todas en la entrada del colegio. Capaz de querer a su hijo elefante por encima de todas las cosas y verle reguapo a pesar de que, seamos sinceros, el crío tenía unas orejas improcedentes de todas, todas. Encarna ese desmesurado amor maternal que nos hace asegurar que nuestro hijo es superdotado aunque lea su primer libro a los veintiún años.

Margarita Seisdedos: Madre de Ámbar (antes Yurena, antes Tamara, antes María del Mar Cuena Seisdedos) Esta buena mujer incorporó el ladrillo al ajuar que mora dentro del famoso bolso de madre. Representa la defensa de lo indefendible, como cuando tu hija de año y medio le da una patada en la espinilla a un guardia civil y tú argumentas que él empezó primero.

Marge Simpson: Amante esposa y abnegada madre que lidia con tres churumbeles, más un marido de esos que se merecen tres guantás, y aún tiene tiempo para cardarse cada mañana un desproporcionado moño azul. Es feliz porque se hace la sueca y no se entera ni de la mitad de lo que pasa en su casa, no me cabe duda alguna.

Valeria Mazza: Rubia, glamourosa y macizorra que ha parido hasta cuatro veces y lo único que ha engrosado en su haber es su libro de familia. Competencia desleal, otro nombre esto no tiene. Un escándalo, vamos.

La Madre de Marco: Señora con gusto por hacer maletas y coger la puerta, que un día tuvo a bien ir a buscarse la vida al quinto pino, con lo fácil que hubiera sido montar una peluquería ilegal en casa o copiar y revender DVDs. Su huida obligó a su hijo a recorrer medio mundo hasta encontrarla y sortear todo tipo de peligros acompañado de un mono con tirantes. Que dime tú a mí.

Francesca Johnson: O cómo vivir recluida en una granja de Madison sin wifi y no terminar tarumba. Pero hete aquí que un fin de semana en que su familia sale de paseo se da de bruces con Clint Eastwood en un puente y, hala, tú ya no puedes parar de llorar hasta que se te ponen los ojos en modo batracio.

La Madre de Psicosis: De nombre Norma Bates, señora con moño que se te representa cada vez que miras las ventanas de un chaletazo. No falla. Tiene tendencia a quitarse de en medio a todas las novias de su hijo porque ninguna le merece. Y a las más aseadas, las primeras. Una joya de suegra.

La Madre de Psicosis: De nombre Norma Bates, señora con moño que se te representa cada vez que miras las ventanas de un chaletazo. No falla. Tiene tendencia a quitarse de en medio a todas las novias de su hijo porque ninguna le merece. Y a las más aseadas, las primeras. Una joya de suegra.

La Madre de Psicosis: De nombre Norma Bates, señora con moño que se te representa cada vez que miras las ventanas de un chaletazo. No falla. Tiene tendencia a quitarse de en medio a todas las novias de su hijo porque ninguna le merece. Y a las más aseadas, las primeras. Una joya de suegra.

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