El color de los bricks de leche

MARZO 2014

Ser madre y no morir en el intento no es tarea fácil, por eso pido desde aquí a los comerciantes que no nos lo pongan más difícil.


El color de los bricks de leche

28/03/2014

Llevaba varios días equivocándome cuando hacía la compra hasta que ayer caí. Varios productos de mis marcas de siempre han cambiado el formato o el color. Así decía yo, ¿estaré volviendo loca? Vamos a ver señores fabricantes de leche. No sería mejor que unificasen colores, que digo yo que no es tan difícil. La leche desnatada rosa, le semi verde y la azul entera. Ven que fácil. Pues no oye, todas las marcas utilizan esos tres colores pero cada marca se lo adjudica a un tipo de leche diferente y así no hay quien se aclare. Háganme el favor y queden un día a tomar un vasito de leche y se ponen de acuerdo.

Las madres bastante tenemos ya, tengan un poco de piedad. Dormimos poco, vamos al súper rodeadas de pequeñas criaturas que meten en el carro todo aquello que no quieres comprar, mientras intentas que no se despiste ninguno y acabes oyendo su nombre por megafonía….  Hagan la prueba, váyanse al súper ustedes con tres pequeños locos bajitos e intenten acertar comprando la leche que quieren. Ya les digo yo que se equivocan seguro. Por no hablar de los yogures que en un intento de querer satisfacer al cliente y darle un nuevo aire al envase, se empeñan en cambiar colores y formatos y nos vuelven majaretas. ¿Que los quieres normales y azucarados? No falla te los llevas 0% sin azúcar. Explícale tu a tu descendencia porque el yogur hoy lleva arenita como dicen ellos y consigue que se lo tomen… ja! Estarás una semana comiéndotelos tú mientras vuelves a ir al súper concienciada de coger los que tienes que coger. Toda una aventura ya les digo yo.

Daños colaterales

Daños colaterales

21/03/2014

Cuando en casa una familia con hijos tiene ayuda externa, esa persona se convierte mucho más que en una “ayuda”, es el pilar de esa familia y sin ella todo se complica.

Doy gracias al cielo por poder finalizar de una vez este fin de semana sin más bajas que mi régimen, mi paciencia, un marco de fotos y un par de zapatillas de estar por casa casi nuevas que fueron arrojadas a la calle desde la habitación donde dormían los enanos. Una lástima. Supongo que a esto es a lo que llaman los expertos “daños colaterales”.

Llegamos a casa tardísimo, después de un fin de semana alojados en una preciosa casa rural que iba a servirnos para disfrutar del aire y renovarnos el espíritu con la paz del campo. Al menos ésa era la idea.

Después de mirar en diecisiete bolsos, por fin conseguimos encontrar las llaves de casa. Mi marido lleva al mayor, Víctor, arrastrándole de los brazos como si fuese un policía deshaciéndose de un manifestante. Detrás de ellos aparezco yo, llevando en brazos a la pequeña, dormida, gracias a la providencia y a la ingesta reciente y masiva de un biberón cargado de leche con cereales. Mientras, Bruno, el que falta para completar el quinteto familiar, se come las plantas.

Nada más entrar en casa, me acerco a la cocina para descargar todos los bártulos que llevo encima a modo de sherpa, cuando veo sobre la encimera, oh cielos, una hoja de papel de mi cuaderno favorito, decorada con unos garabatos bailongos a modo de letras. Intuyo lo que dice pero hago como que no. Ay, no puedo. Respiro profundamente y leo para mí misma y mis adentros. Remitente, la asistenta, Elvira, mi Elvira, mi apoyo y sostén de mi casa y, si me apuras, de mi vida entera… Escuetamente nos dice que vuelve a su país y que siente no poder cumplir su compromiso con nosotros. A su lado, lánguidas y desvaídas, las llaves de casa abrazadas en el llavero. Sospecho que la pobre nota debe llevar esperando allí desde el viernes, pero con la euforia del viaje, ni nos percatamos.

Temo empezar a hiperventilar así que me siento suavemente en el sofá y lloro con hipo y a moco tendido, pero de forma muy digna, ojo. Todo a mí alrededor comienza a desdibujarse: sombras que me hablan, me zarandean, se agarran a mis piernas y me llenan de pan las rodillas; sombras que lloran, gritan y apagan y encienden la luz como si estuviésemos en un after. Parece una peli de terror, pero de las malas; no sé si gritar asustada o reírme y abandonarme a mi propia neurosis.

Sigo sin poder enfocar ni sintonizar con el mundo exterior cuando una frase de mi señor esposo me arranca por las buenas del shock: Margarita, creo que la niña se ha hecho caca.  Son las palabras mágicas para volver a la realidad. No falla.
Me gustaría desaparecer, esconderme en una burbuja o en un pueblo de Palencia y evitar así que me encuentren hasta dentro de muchos meses, cuando todos mis hijos hayan superado la dentición y si me apuras, el bachillerato. Pero no puedo porque es tarde y hay que empezar con la serie diaria de baños, cenas y cuentos con final feliz.

Ya si eso, me deprimiré mañana…

A que venía yo

A qué venía yo...

14/03/2014

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Me paso el día diciendo la frase, a qué venía yo, queridas amigas, decidme que también os pasa y no soy la única.

A pocos días para la llegada de la primavera, no sé si ya me han empezado a afectar las gramíneas, pero llevo unos días de lo más despistada. La primera señal fue meter el pañal de Marina en la nevera para acto después y tras ser consciente de mi error, sacarlo de ahí y echarlo dentro de la lavadora… menos mal que el olor nauseabundo que emanaba de él, alertó a mi marido cuando entraba en la cocina para lavar una camisa que se le había olvidado. No quiero pensar en la que se podía haber liado.

Mientras me pasa lo del pañal, tiro a la basura el biberón. Estoy fatal. Quiero pensar que la falta de sueño tiene que ver porque me paso el día de habitación en habitación entrando y saliendo cual zombie bajo el soniquete de la misma frase: ¿a qué venía yo?

Entro, salgo, retrocedo, vuelvo a la posición inicial y tras repetirme la misma frase me río de mi misma y de mi despiste, mientras coloco los calcetines de Víctor en el cajón de Bruno y viceversa.  La pasada semana ya no sabía si reír o llorar, cuando me di cuenta de que me estaba desmaquillando con el líquido de las lentillas y había limpiado las lentillas con el tónico facial…

Pero ¿por qué nos pasa esto solo a las madres? Mi marido se ríe cuando le pregunto si le pasa lo mismo. Por no hablar de cuando llevas algo en la mano y te pasas un buen rato buscándolo por toda la casa como alma en pena. Cuando por fin cojo el lazo para peinar a Marina después de haber ido a su habitación tres veces sin saber a qué había ido y voy a peinarla, me pongo a buscar el dichoso lazo que se ha quedado en mi muñeca sin darme cuenta. Margarita reina estás fatal. Lo malo es que ya no solo me pasa en la intimidad del hogar, el otro día me pasé un buen rato en la oficina buscando mi bolígrafo cuando me di cuenta que me había hecho un moño con él… en fin no sé si tengo arreglo.

El día que entre en una habitación de mi casa y sepa a porqué iba a la primera, lloraré de la emoción. ;)

Las madres y su adicción a whatsapp

Las madres y su adicción a whatsapp

07/03/2014

Cualquier madre que se precie sabe que siempre habrá un antes y una después en nuestra relación con el teléfono. Con niños, olvídate de largas conversaciones, sólo queda “guasapear”.

Siempre me ha gustado mucho hablar por teléfono. Antes cuando no existían los whatsapp ni dependíamos tanto del teléfono móvil me encantaba charlar con mis amigas por teléfono tirada en el sofá o paseando por casa, nos podíamos pasar horas.

Hablo en pasado y no es porque ahora no me guste, es que no puedo queridas amigas, si están mis pequeños locos bajitos despiertos cerca, es literalmente imposible.

La relación entre mis hijos y el teléfono es tormentosa. Si llama la abuela no quieren ponerse, pero ni un hola eh? Y una queda fatal. Venga cariño que es la abuela cuéntale que tal en el cole… la respuesta siempre es no. Si llama cualquier tele operadora, se agarran a tu pierna y empiezan a gritar, ¿quién es? ¡Yo quiero ponerme! El mundo al revés.

Si pretendes mantener una conversación tranquila por mucho que pasees, quieras mutar con las cortinas o te escondas en el baño, dala por perdida, te buscarán y te encontrarán y será imposible decir tres palabras seguidas sin ser interrumpida.

Hablo del teléfono de casa claro, que a ellos con botones les debe parece raro y como no tiene pantalla no les llama la atención. Ojo, si le dices que coja tu móvil, aunque tampoco querrá hablar con las abuelas, te descubrirán cosas de su manejo que tú ni sabías que existían.

Ahora entiendo las ofertas de las compañías, llamadas gratis a fijo, hombre claro si es que tres cuartas partes de la población tiene menores en casa y así no amortizas la oferta en años.

Queridas amigas, hoy he hecho una tesis y ya tengo la conclusión a mi reflexión. De ahí viene la adicción a whatsapp, como ya con niños, no podemos quedar a tomar un café para hablar tranquilas y hablar por teléfono es una ardua tarea, nos lanzamos al dedo y a escribir como si no hubiera mañana para poder mantener al día nuestras vidas y viva nuestra amistad. Así que queridos maridos, ya sabéis porqué estamos todo el santo día dándole a iconito verde.

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Por favor no puedo imprimir cupones, pienso que hay que modernizar el sistema . Porque no se hace con el móvil en los establecimientos

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Pura verdad margarita!te vuelves loca comprando, y lo de la leche no me ha pasado veces de equivocarme a la hora de coger el brik, al igual que los productos light, hay algunos que tienen el mismo formato que los normales,cuando llegas a casa y lo colocas en su sitio te das cuenta de 0% colocado al lado, eso si los niños no se equivocan, cogen sus cosas perfectamente jajajaja, cuando llegas a la cola y colocas las cosas en la cinta, y empienzan a salir dulces, gominolas,chocolatinas jajajajajaja

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Margariiiiitaaaaaaaaaaaaaaaa....... te entiendo!!! jajajaj... y eso que yo solo tengo una bichillo. Pero imposible concentrarse en la compra. Lo de la leche, es cierto que no sería complicado, pero si los fabricantes nos ayudasen a las madres tampoco estaría mal eh?? jajaja...

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Hola sonatilla, gracias por comentar. El diario de Margarita está escrito de una manera irónica y exagerado, solo con la idea de sacar una sonrisa. ;)

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He ído leyendo los textos y no sé... me he quedado perpleja. Debo ser de otro mundo porque... voy a menudo al super y localizo perfecto la leche, no por su color, sino por su marca, siempre la misma. Y esa madre que compra con niños, déjalos con tu marido y busca un rato que puedas comprar a gusto. Tengo 4 hijos y siempre fui sola a comprar. He presenciado espectáculos bochornosos de madres que descuidan en el super a sus hijos o que les gritan y eso molesta al resto de clientes.( sigo en otro..

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