Julio 2013 - Mis hijos son unos macarras

JULIO 2013

¿Por qué todas las bolsitas que comen nuestros hijos de patatas y demás snacks en verano, vienen siempre con horribles tatuajes?. Leer el diario de Margarita te hará sonreír.


Mis hijos son unos macarras

26/07/2013

En verano reconozco que bajo más la guardia y les dejo comer más a menudo “guarredidas” como dice Marina. Darles 1 euro a los mayores y dejarles que se compren alguna chuche es parte de las vacaciones estivales. Al cabo de un rato, vuelven la mar de contentos con una bolsa cada uno, de algo salado (en esto han salido a su madre, para qué negarlo) y dos o tres golosinas. Hasta aquí todo perfecto.

Yo pensaba, como os decía, que habían salido a una servidora y se compraban aperitivos salados porque son poco golosos pero no, ese no era el motivo. El motivo por el que mis hijos compran bolsas de “guarredidas” saladas no es ni más ni menos que por los dichosos tatuajes que vienen en su interior.

No sé porqué al dueño de las patatas, pelotazos, cheetos, doritos, pandilla, risketos, boca bits, fritos… y un largo etcétera, le da cada verano por llenar cada bolsita con un par de tatuajes. La madre del cordero, que despliegue oiga. Hay de todo y para todos los gustos y cuánto más hortera es, más les gusta a mi hijos.

El otro día Víctor apareció con un extraño animalito con alas, mitad dragón, mitad dinosaurio en el brazo. Por poco me da un “terele”. ¡Qué horror! Pero hijo mío, ¿qué es eso? Y frente a mi cara de estupefacción, estaba la suya y todo orgulloso me sonreía mientras me enseñaba su nuevo “tatoo” como dicen ellos.

Y no te creas que se ponen uno no, ¿para qué? Aquello de menos es más aquí no vale. Se ponen todos los que vienen en la bolsa y cómo tardan días en irse, al final parecen los líderes de una banda de rock que ha pasado por prisión y los tatuajes que se van yendo parecen roña.

En resumen, da igual que para dar un paseo por la tarde en familia, les pongas “como un pincel” como diría mi madre, porque debajo de ese polo tan mono, asoman, calaveras, dragones, y un sinfín de tatuajes a cual más feo. Ains, por qué no pondrán otro “regalito” en las bolsitas!

Eso si confieso, que cuando el otro día Bruno apareció con su corazón y su amor de madre en el pecho, sí sí en el pecho, dudé entre darle con el guante de crin y comérmele a besos. Levantando la camiseta todo orgulloso para enseñármelo me dijo, este es el que más me gusta mami porque eres la mejor madre del mundo entero. Con las lágrimas a punto de asomar, remató la frase. ¿Cuando cumpla 10 años me lo puedo hacer de verdad? Noooooo grité horrorizada. Nos queremos mucho bonito mío, pero tampoco hay porqué grabarlo en la piel de por vida. Uff, ¿le habrá quedado claro?

Operación Bikini

Soy una madre basura

19/07/2013

¿Operación bikini? Ja! Con niños cerca es imposible. Mira que todos los años después de verme las lorzas blancas en las vacaciones de Semana Santa vuelvo con el propósito de ponerme a plan pero… llega julio y estamos en las mismas o peor.

Este año decidí allá por marzo empezar con la operación bikini. Ilusa de mí pensé que iba con tiempo… Comencé por salir a caminar cada noche con una amiga, después de acostar a los niños. Reduje las cervecitas del fin de semana, y empecé a comer como un loro, verde, verde y más verde. Al principio te emocionas y lo haces todo a rajatabla pero, empiezas a flaquear en cuanto tienes vida social. Y vida social en primavera crece, no decrece.

A los planes con los amigos de siempre, hay que sumar eventos familiares y cumpleaños infantiles, y al final pecas un día sí y otro también. Y claro, el día que te controlas, ya piensas bah, si como llevo toda la semana saltándomelo pues qué más da, hoy también…. Y así llegamos a mayo, con kilos de más en lugar de menos. Una tragedia.

Por si fuera poco, es por esas fechas cuando te da por hacer el cambio de armario y compruebas horrorizada como la ropa del verano pasado, te queda más estrecha y los vestidos que te quedaban sueltos para “disimular” las redondeces, ahora son “apretaos”. Dramón.

Te pasas una semana una vez más a rajatabla, hasta que bajas la guardia la noche que les haces croquetas a tus hijos y se dejan una cada uno… te lanzas a ellas como si fueras un concursante de Supervivientes. Y mientras te relames, tu trasero empieza a engordar en igual cantidad que tu sentimiento de culpa.

Las comidas de los niños son nuestro gran enemigo, para que nos vamos a engañar. Tú que estabas orgullosa de llevar una semana a plan va tu hijo y decide en la merienda que ya no quiere lo que le queda, de ese delicioso sándwich de Nocilla… ahhhhh te lanzas a él desesperada mientras sueltas la frasecita que lave tu conciencia: “la comida no se tira”.

No se tira nada, ¡qué narices! Eso conlleva que todo lo que tus hijos no quieren, por aquello de dar buen ejemplo acabas zampándotelo tú!. Pollo, macarrones, bocadillos, bollitos… hasta te comes esos últimos gusanitos que ya no quieren. El caso es convertirte en una mama basura, y allá que van todas las sobras… a instalarse cómodamente en tus lorzas.

No hijas mías no, no se puede ser una mamá coche escoba. Lleva consecuencias terribles y te pasará como a mí, que al final ha llegado el verano y tengo las mismas redondeces o más y aquello tan socorrido de “he pasado por tres embarazos”, ya no cuela, porque por desgracia tienes amigas que han pasado por lo mismo, y lucen orgullosas su ombligo plano en bikini. Y yo, no solo me pongo un bañador años 20 que tape cuanto más mejor no, encima tengo que sonreír cuando me preguntan la temida frase… ¿Estás embarazada? ¡Mecachis!

Tierra trágame, hijo cállate

Los sonidos de los juguetes

12/07/2013

Ay amigos. Una cosa os digo, el sonido de los juguetes no te parece terriblemente alto hasta que no tienes hijos. Es una verdad como un templo. Tú has hecho regalos así antes de ser padre y ni lo pensabas, es más, cuando estabas eligiendo el juguete, te parecía hasta mejor que sonara mucho. Ains, grave error, en el que no repararas hasta que tiene niños y se los regalan a ellos.

Es con la mejor intención o eso crees... porque la verdad es que cuando se lo dan al niño, el juguete en cuestión es como si lo supiera, y para no dejar mal a los que han hecho el regalo, yo creo que suena hasta más bajo, fíjate. El caso es que según cierran la puerta de tu casa el trenecito en cuestión, oso o casita, da igual lo que sea, se pone a sonar a un volumen que ya quisieran las discotecas valencianas en sus épocas doradas.

El sonido es proporcional al tamaño del cachivache. Mi marido según se van los responsables de comprar el chisme en cuestión, se lía a poner celo en las rayitas por donde sale el sonidito de turno como si no hubiera mañana… da igual, ya puedes poner cinta de carrocero, doble cara, cinta de embalar… aquello sigue sonando escandalosamente alto.

Cuando es un sonido repetitivo, se mete en la cabeza y los sigues oyendo aún cuando no suena, es una pesadilla. Ya no te cuento cuando en lugar de sonido es canción… Como sea una melodía pegadiza, estás perdido. Te verás cantando la cancioncilla en la ducha, en el coche y en la cola del súper y por muchos intentos de quitártela de la cabeza será imposible. Se pega a las neuronas del cerebro.

Estos juguetes están hechos por alguien que no tiene niños cada día lo tengo más claro y más claro aún, que se quiere vengar de los que son padres.

La otra noche tras tropecientos despertares de Marina y cuando llevaba casi una hora intentando dormirla, por fin se calma y se queda frita. Consigo levantarme sigilosa y sufriendo porque no me sonaran las rodillas (me suenan desde niña y en el silencio de la noche, hasta eso despierta a mi pequeña terremoto)… Logro llegar hasta la puerta y justo antes de salir tropiezo con la tortuguita y zás! se activa la musiquita dichosa.

Ayyyy. Con los nervios me apoyo en la estantería y tiro el paquete de toallitas, de una patada la tortuga sale disparada contra la puerta y sigue sonando, la niña empieza a moverse, con el codo enciendo la luz… ¡Socorro!

Lo mejor es que además no suelen tener opción off/on. ¿Para qué? Habrá pensando el mamón que lo creó. Con lo que me ha costado combinar los soniditos de la tortuga que lo escuchen a todas horas, ¡habrá pensado! No se apaga nuuuunca y lo peor es que las pilas que les ponen y que NO le puedes quitar duran y duran, como dice el anuncio de generación en generación.

Y estás años oyendo el sonido del tren, la canción de la casita, la musiquita de la tortuga y si tienes tres niños, la pesadilla puede durar tanto, que antes de acabar en un loquero, ¡deshazte de ellos!

No intentes romperlos nooo, ¡siguen sonando! Y acabarás pensando que es una obsesión y cuando menos te lo esperes, hala, al loquero. Lo mejor es que cuando años después vuelves a oír algún sonido de esos juguetes, después de que un escalofrío recorra todo tu cuerpo, te enterneces recordando el trenecito que tanto gustaba a tu hijo y sonríes. Así somos las madres.

Tierra trágame, hijo cállate

05/07/2013 Tierra trágame, hijo cállate

Los niños niños son, está claro, y como dice el refrán, “los niños y los borrachos siempre dicen la verdad”, aunque a veces aparte de inocentes, se pasen de sinceros y espontáneos. Ainss amigas, por qué no se callarán en ese preciso momento. Son niños sí, pero a veces sueltan cada cosa que querrías estrangularlos, eso sí una vez pasado el momento “me quiero morir”, las risas están aseguradas.

Os voy a contar algunas meteduras de pata de mis hijos y otras de sus amigos, que últimamente nos han sacado más de una sonrisa.

Tenemos un vecino que sube mucho a jugar con Bruno, se pasa las tardes en casa porque también le chiflan los coches, el caso es que la madre nunca entra, le sube y viene a buscarlo pero sin pasar de mi felpudo. Y mira que insisto, “pasa mujer, entra, si están jugando tranquilos mira”, pero ella cual estatua, del quicio de la puerta no se mueve. El otro día mientras insistía en que pasara, su hijo Rubén soltó con toda la inocencia del mundo. “Pasa mamá, así no me preguntas más como es la casa”. Glup pobre mujer se hizo diminuta y los minutos que pasaron hasta que Marina apareció corriendo, se hicieron interminables. Como me ha pasado, le eché un capote y le dije, “pasa y te enseño la obra que hicimos en el salón”…

Peor fue la de Bruno. Le gusta estar sentado a mi lado cuando le tomo la lección a su hermano mayor, y le debió impactar el día que hablamos de la guerra de secesión americana. Yo no era consciente de cómo presta atención, hasta que el otro día en la cola del súper y a voz en grito, señalando a una mujer negra soltó, “mira mamá una esclava” lamadrequeletrajo. Por poco me voy sin pagar. Bruno ha tenido varias de esas, la primera vez que fuimos al pueblo de mi marido y vio a las señoras todas vestidas de negro, a las que tenían el pelo blanco, las llamaba brujas a la vez que gritaba “noooo brujas nooo”. Para matarle.

Recuerdo una de Víctor cuando era pequeño que por poco me cuesta una mudanza. Teníamos una portera con la que era mejor llevarse bien, ¡menuda era! Yo como buena madre, siempre le insistía que le saludara, hasta el día que se jubiló. Se acercó a darnos un beso y Víctor salió despavorido. Cuando llego a esta él y doy media vuelta en dirección a la portería arrastrando al niño, suelta: “mami, nooo, papá dice que es una guarra y además tiene barba”. Bonito, como diría el rey, ¿Por qué no te callas?

En fin, cuando te pasa, quieres ahogar al crío y tu meterte bajo tierra pero y lo que te ríes luego con la anécdota, ¿qué? Seguro que os ha pasado alguna vez, cuéntanos esa metedura de pata de tu criatura.

Tus marcas de confianza

Registration

¡Únete a Próxima a ti y consigue ventajas exclusivas!

Regístrate por aquí

Confirma tu información personal

Para finalizar el proceso, por favor completa la siguiente información

Me encanta el diario!!

  • ENVIAR

wuaaaaaaaa si me he reido!!!!

  • ENVIAR
:D
:D

:D

Embajadora
SC19922363304