Julio 2012

JULIO 2012

“No mamá, si mamá, ya lo sé mamá”. Enfrentarnos con nuestra madre se convierte en el más difícil todavía cuando nosotras también nos convertimos en madres de forma activa… sin embargo, ¡discutir con ellas no significa que no las queramos con locura! ¿Verdad, Margarita?


Madre contra madre

(13/07/12)

Hoy he discutido con mi madre. Una de tantas y tantas peloteras como se han ido sucediendo a lo largo de todos los años que nos conocemos. Antes nos tirábamos de los pelos porque éramos tremendamente diferentes y ahora porque somos terriblemente iguales. Cada vez que termina una discusión me siento mal, como si retrocediera treinta años y volviera a llevar lazos en las coletas, será porque durante años me había jurado a mí misma que jamás sería como ella ni cometería sus mismos errores y a día de hoy soy su clon. Calcadita. Ya no hay nada que nos distinga, excepto el lunar en la nariz y esas faldas de flores que yo no me pondría ni amenazada. Bueno, y el tinte del pelo. Eso tampoco.

La verdad, no sé muy bien por qué ha empezado la pelea esta vez, quizá porque no la he llamado o porque la he llamado mucho o porque debería haber hecho algo que no he hecho o porque debería haberlo hecho ella y también se le ha olvidado. Quién sabe…

Cuando hemos colgado el teléfono me he quedado unos minutos enroscada sobre mí misma, haciendo examen de conciencia y rebuscando en mis adentros una razón a tanto grito, pero no la he encontrado. ¿De verdad he terminado reprochándole que no me dejara ir al cine aquel verano del 82? Ls discusiones madre – hija tienen sorprendentes vías para desarrollarse…

Margarita no hagas eso, Margarita eso no, así no, Margarita… Y así hasta que cumplí los veintitrés y me fui de Erasmus un año. ¿Sabría decir que sí esta mujer en algún momento? Me lo pregunté durante años. Todos sus miedos, su nerviosismo, sus frases soberanamente absurdas como aquella de “prefiero que llores tú a que tenga que hacerlo yo”, la volatilidad de las vitaminas en las naranjas, el lanzamiento de zapatilla y la mejor y más repetida sentencia… “es la primera vez que me siento en todo el día”… Todas y cada una de ellas forman parte ya de mi manual de perfecta madre y las pronuncio con loco frenesí a lo largo del día, algunas hasta dos veces. Y entonces me miro en el espejo y la veo a ella.

Quizá ahora que los roles han cambiado, que yo soy madre y que ella es además abuela, las cosas deberían fluir con más tranquilidad, pero pocas veces pasa. Es entablar una conversación y sentir ambas al unísono la irrefrenable necesidad de terminar discutiendo. No falla, oye. ¡Qué fantástica conexión astral!

Madre, no sé si llegarás a leer alguna vez las páginas de este diario pero quiero que me sirvan para decirte lo mucho que tengo que agradecerte y lo mucho que me enorgullezco de parecerme cada día más a ti. Bueno, excepto en el tinte. Porque esto de ser madre lo aprendí de ti y creo que cada día me gradúo con sobresaliente. Pensándolo bien, por si no llegas a leerlo, voy a llamarte ahora mismo para contártelo y discutir por algo un rato. Sea como sea, yo llevaré razón, eso es indiscutible, pero quizá hoy sepa parar a tiempo y admitir que una madre siempre gana.

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