Conversaciones de madrugada

FEBRERO 2014

Me gustaría tener una casa más grande para aprovechar el tiempo de mis desvelos nocturnos, haría tantas cosas, pero como no es el caso, intento dormir mientras mi hijo me da conversación.


Conversaciones de madrugada

28/02/2014

Que en mi casa por la noche dormimos poco no es una novedad, cuando estamos acabando con los terrores nocturnos de uno, empiezan las pesadillas del otro o esa muela que no acaba de salir y duele horrores.

El caso es que me sé de memoria la programación nocturna de la radio española porque lo de encender una luz y ponerme a leer hasta que el sueño vuelva, lo intenté una vez y desperté a media familia, así que a oscuras mientras Morfeo vuelve a por mí. Y mira que a veces he pensando en aprovechar el tiempo y ponerme a hacer un bizcocho o a doblar calcetines pero no quiero que piensen que estoy más loca de lo que estoy.

Me quedo en la cama y a oscuras, repaso las baldas de la nevera una a una, haciendo una lista mental de lo que falta y planificando un menú semanal, absurdo porque cuando me levanto estoy tan aturullada que no me acuerdo de la mitad. Eso cuando no me da por pensar qué estará haciendo en ese momento la chica que discutía en el autobús por teléfono. Qué a esas horas, qué te importará Margarita, pues sí me pongo a darle vueltas a mi día y analizo cosas tan absurdas como porqué a mi compañero Paco le gusta más echarse limón a la ensalada que vinagre. Mira tú qué cosas.

Cuando estoy a puntito de volver a soñar y dejar de divagar cosas raras, aparece Bruno que con los pies heladitos se cuela en mi cama porque está soñando cosas feas. Le acurruco, le achucho y cuando por fin hemos cogido la postura para dejarnos llevar, me suelta en voz alta como si fueran las 11 de la mañana: mamá, ¿tú sabes cuál es la capital de China? ¿Perdona? Bruno cielo, duérmete mañana damos una clase de geografía a fondo. Mientras vuelve a mi cabeza la lista de la compra y pienso que de tanto ir al chino a comprar gusanitos mi hijo se está interesando por esa cultura, me suelta muy serio, Pekín mami, es Pekín. Cariño son las tres de la madrugada, mañana hablamos de China ¿vale bonito? Vuelves a cerrar los ojos y cuando por fin ya crees que ha llegado el momento de retomar el sueño, escuchas una voz que te dice, mamá los chinos no viven en casas, viven en pagodas.

La madre que le… tú Margarita eres tú. Bruno cariño, ya veo que estás muy atento en clase y mamá está muy contenta pero ¡duérmete por la muralla China! Sí suelta emocionado, ¡es muy grande! la he visto en una foto. En fin me ha quedado claro que están dando China en clase pero es hora de dormir.

Cuando acariciándole compruebo por su respiración que ya se ha dormido, no puedo evitar sonreír recordando la conversación, las noches son para dormir es cierto, pero todas esas anécdotas que me pasan en mis noches en vela, sé que las recordaré con cariño cuando dentro de unos años nadie venga a mi cama con los pies fríos a darme conversación.

Trasnochar con hijos

Trasnochar con hijos

21/02/2014

Trasnochar con hijos se suele hacer muy de vez en cuando por el tema canguro pero yo, aunque tuviera varios dispuestos, cada día me pienso más esas propuestas nocturnas.

Iba a empezar diciendo que trasnocho poco… y una… Margarita esa boca. Quiero decir que trasnocho poco fuera del hogar. Dentro hijas mías, día sí día también. Y ya me estoy mentalizando que esto va a ser así hasta que se emancipen que tal y como está la cosa, les veo cumpliendo los 50 con nosotros, eso sí ya no cabremos los cinco en la misma cama. O sí, quién sabe.  

Pero vamos al tema. Salir por la noche cuando eres padre se complica según el número de hijos que tengas, así que una servidora con tres y lo ”bien” que duermen y los “pocos” despertares que tienen pues fácil no lo tiene. Pocas almas caritativas aceptan quedarse con mis tres retoños, así que exceptuando alguna boda o evento especial o salimos en plan familiar o nos vamos turnando mi santo y una servidora. Y ahí está el problema.

Si conseguimos colocarlos en casa ajena, somos bobos y nos despertamos a la hora que empieza Peppa Pig, es decir, tempranito y allá que nos ponemos los dos a desayunar mientras vemos las aventuras de George y Peppa. Todo surrealista hasta que caemos en la cuenta de que estamos sin niños y corremos a la cama a dormir un par de horitas más.

El problema viene cuando nos alternamos.

Sale mi maridín… Cuando a la media hora de llegar de juerga alguno de mis retoños se quiere colar en nuestra cama, les disuado y me voy yo a la suya con el fin de que duerma y descanse. Oye ha salido, pues va en el pack. Por la mañana cuando mis pequeños locos bajitos se despiertan (que suele ser demasiado pronto), cierro todas las puertas y nos atrincheramos en el salón hablando en voz baja.

Una que es madre, que es mucho todo lo que conlleva esa palabra, antes de cerrar todas la puertas detrás de mí para insonorizar al padre de las criaturas, me he hecho con varias películas que les puede apetecer ver y he sacado de su habitación los juguetes y libros más demandados. Todo bajo control para dejarle dormir su trasnoche y que se levante con las pilas cargadas.

Ahora amigas, salgo yo. Y lo primero que me encuentro nada más llegar a casa es que no me puedo meter en la cama porque la han invadido y ya no tengo sitio. Primera en la frente, a dormir al sofá. Cuando se despiertan antes de que salga el sol, y entran en el salón como si fueran las doce de la mañana me despiertan, es obvio, estaba en el sofá durmiendo. Reparto besos y huyo a mi cama cerrando a cada paso todas las puertas que me voy encontrando, confiando en dormir un par de horitas más que me permitan estar luego en plenas facultades. Error. A partir de ese momento, esas puertas se abrirán y cerrarán una y otra vez como si fueran las del supermercado de la esquina. Que si quiero mi osito, que voy a coger una cosa que está en la habitación, que si voy a hacer pis (hay otro baño pero no, van al grande) y mientras el padre ve documentales en el sofá, mi hijo grita “me limpiaaaas” con tanta fuerza que antes de que llegue él, por poco sube la vecina a limpiarle.  Imposible conciliar el sueño porque ya estás desvelada, cuando vuelves a intentar cerrar el ojo, entra el mayor pidiendo sus utensilios de dibujo. Mamá, ¿donde están?, ¿Y papá? Contesto enfurecida… Papá nunca sabe donde está nada. Ale, la próxima vez que te propongan cena de chicas te lo piensas Margarita.

Marido y padre no hay más que uno

14/02/2014

Día de los enamorados, como estoy enamorada de mi marido y muchas veces me meto con él, hoy le voy a perdonar todas esas cosas. Un día es un día.

Hoy es el día de los enamorados o San Valentín como más os guste. Nunca hemos sido de celebrarlo mucho, para qué nos vamos a engañar, pero sí hemos aprovechado siempre con la excusa del día, darnos un homenaje en la cena. Esas coquinas que tanto nos gustan, abrir ese vinito que nos apasiona… y poco más. Eso sí, desde que tenemos hijos y sobre todo desde que empezaron a preguntar qué significaba ese día y quien era san Valentín, lo celebramos en familia. Un bizcocho con forma de corazón siempre es perfecto para ese desayuno romántico a cinco bandas.

Pero el diario de hoy se lo quiero dedicar a él. A mi marido y a la par, padre de mis tres criaturas. Ya se lo dije ayer, te dedicaré mi diario a ti, así que aprovecha a darte un baño de amor que te voy a regalar los oídos y te voy a perdonar todo aquello que me ataca como madre. Pobre, que el resto del año ya me meto bastante con él. Hacerlo vuestro, va por los maridos y padres de familia.

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Hoy por ser el día que es, os perdonamos todas esas cosas que nos ponen un “pelín nerviosas”

  • Cuando visten a los niños tan “conjuntados” que parece que van disfrazados.
  •  No les tomemos hoy en cuenta los peinados que “crean” cuando intentan peinar un pelo largo.
  • Vayamos en su ayuda cuando a pañal descubierto llenito hasta arriba “de todo”, se den cuenta de que no tienen otro limpio a mano y se han acabado las toallitas.
  • Saquémosles del error cuando en su afán de buen padre, cuando vista al niño por la mañana y le coloque el uniforme cuando le tocaba chándal.
  • No le regañemos por llegar solo un poco antes de acostar a los niños.
  • Dejémosles que les den a los niños gusanitos en el sofá aunque nos ponga del hígado mientras saltan y les hacen volar.
  • No  nos enfademos porque tengan el oído tan sensible de día ante los gritos y se conviertan en sordos por la noche.
  • No le tengamos en cuenta que no sabe que dosis toman los niños de Dalsy ni el número de pie que usan.
  • No pongamos el grito en el cielo cuando ya relajados lleguen de trabajar y se pongan hacer guerra de cosquillas… ya se dormirán, es el día del amor. Hay que mentalizarse.
  • Si le encargas que vaya a la compra ten en cuenta que algo se le va a olvidar, seguro. Hoy pelillos a la mar.
  • Si tiende la ropa como buen marido que es, no tengas en cuenta que parece que no está tendida y que la ha tirado desde una avioneta.
  • Venga hoy hasta os perdonamos si al ir al baño no bajáis la tapa.
  • Tiremos la casa por la ventana, que es el día del amor. Digámosles lo bien que nos cae su madre y lo buena suegra que es.

 La lista es larga así que vamos a parar que si les seguimos perdonando y la penitencia será dura. Feliz San Valentín ;)

Las bolas de los parques de bolas

Las bolas de los parques de bolas

07/02/2014

La vida social de una madre con hijos en edad escolar, es a grandes rasgos, pasar tardes y tardes en parques de bolas tomando un refresco.

Cuando eres madre tu vida social se reduce considerablemente, la de adulta, porque la infantil se multiplica por el número de hijos que tienes y va subiendo proporcionalmente según pasan de curso escolar. El primer año de guarde, con suerte no les invitan a ningún cumpleaños, pues a esa edad se suelen celebrar en familia pero hay amiga como tu hijo sea sociable y tú seas de las que sonríes y le des un poco de conversación a las madres con las que coincides a la salida… estás perdida.

El segundo año ya empezarán a llegar las invitaciones de Mickey, Kitty, Peppa o Dora la exploradora. Los primeros son como antiguamente, merienda en casa del homenajeado con unas medias noches y unos gusanitos y poco más. Y debido a las reducidas casas que solemos tener la mayoría, suelen ser poco niños, con lo que es hasta agradable oye. Pasas una tarde charlando con otras mamis en tu misma situación, mientras tu loco bajito sociabiliza con sus amigos de clase mientras sacan todos los juguetes del anfitrión. Hasta aquí todo bien. Una tarde diferente. Pero es empezar el llamado “cole de mayores” y eso es un no parar. En primero de infantil como se acaban de conocer también suele ser un curso tranquilo, dos cumples como mucho pero es pasar a segundo y eso se dispara. No soy capaz ni debe llevar la cuenta… Con contaros que sólo ha pasado un mes de este año recién estrenado y Bruno ya lleva tres. ¡Tres en un mes! Y esto acaba de empezar que los meses álgidos son abril, mayo y junio…. Miedo me da.

Nos conocemos todos los parques de bolas de la zona y aledaños y hamburgueserías varias, porque con esas edades poco más. Lo de la bolera y los sitios con video consolas llega con la edad de Víctor. Así que con tres hijos, raro es el mes que no tengamos dos o tres. Qué vida social por el amor de Dios. Con Víctor lo bueno es que ya no hay quedarse, incluso a veces ni llevarle, sueltas los cinco euros estipulados para el regalo y hasta se lo lleva otra madre y te lo devuelve sano y salvo tres horas después. Lo que se agradece, no está escrito.

Con Bruno todavía hay que quedarse, que si pis, que si este me ha pegado… con lo que toca tirar de la abuela para que se quede con los otros dos porque llevarme a Marina es una temeridad y Víctor refunfuña porque las bolas es cosas de pequeños.

Mientras paso la tarde viendo como mi hijo suda y se reboza por esas bolas un tanto sucias, (limpias no están, para que nos vamos a engañar), en lugar de enfrascarme en una conversación banal con otras madres, me pongo a pensar desde cuando llevará abierto el sitio en cuestión, hago memoria de los cumpleaños que hemos ido allí... y pienso cuando será la última vez que han lavado esas bolas. Va Grissom allí y tiene pruebas para siete temporadas más. Pero ¿quién me manda? Aggg y ensimismadaen mis pensamientos una bola cae a mis pies y mientras despierto de mi letargo y compruebo lo asquerosita que está, Bruno viene corriendo pregonando que Lucía se ha hecho pis dentro. Lo que me faltaba. Amigas si vais a un sitio de estos no penséis estas cosas, ya me encargo yo, vosotras disfrutad de esas conversaciones banales. ;)

 

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