Febrero 2013

FEBRERO 2013

Qué difícil es ser madre y tener que ir a trabajar sin haber dormido porque los niños se han puesto malos, ¿verdad? ¡Seguro que tú de esas te sabes más de una! Es el tema que trata hoy Margarita, junto a “frases que nunca debes decir a una madre”, para no herir su sensibilidad por accidente, ¡merece la pena tomar nota!


Cien razones para no ir a trabajar

(15/02/13)

Reconozco que esta mañana se me han ocurrido más de cien razones diferentes para no ir a trabajar: enfermedades infectocontagiosas, inundación del hogar familiar, hasta he sentido ganas de fingir mi propia muerte en un intento absurdo por poder quedarme en horizontal todo el día.

Anoche Marina tuvo tos de una forma difícil de explicar. Una tos repetitiva, irritante, en ataques periódicos cada media hora que curiosamente coincidían con el momento exacto en que yo volvía a conciliar el sueño. Haciendo balance y tirando muy por lo alto, en toda la noche he debido dormir unos doce minutos, de lo que se deduce que hoy tenga unas ojeras imposibles de camuflar y hasta de describir sin que parezca una disparatada hipérbole.

Después de llamar a mi madre para que se quedara con la niña en casa he llegado al trabajo como un auténtico walking dead. Despeinada, pálida, ojerosa, errante, confundida. La gente que se cruzaba en mi camino no sabía muy bien si saludarme o clavarme una estaca en el corazón. Menos mal que en el ascensor me he encontrado a mi compañera de despacho y se ha prestado a cogerme de la mano y guiarme por los pasillos, si no habría terminado sentada en cualquier mesa del piso de Administración, los empleados de las mesas circundantes habrían llamado a Seguridad y se habría formado un lío muy gordo.

Mi jefe ha estado particularmente porculero, o quizá haya sido mi ánimo, que estaba para poca verbena. No sin cierta queja interna he aguantado dos reuniones a todas luces inútiles y otras tantas conversaciones telefónicas sin mejor pronóstico. Charlas, frases hechas, chistes fáciles, todo ello soportado con paciencia y unos mil doscientos litros de café.

Aprovechando la hora de comer he devorado un sándwich de máquina relleno de mucha mantequilla, y algo parecido a una loncha de jamón de dos micras, y he corrido directa al baño con el abrigo escondido bajo los brazos para no levantar sospechas. Una vez en el lavabo me he lavado los dientes, me he desabrochado los zapatos y, con el abrigo hasta las orejas, he disfrutado de veinte minutos de deliciosa siesta, recostada sobre la cisterna de una de las tazas. El váter es un sitio extraño para dormir, es frío, desolador e inmensamente silencioso, como una tumba, algo que conjunta a la perfección con la cara de muerta con la que he amanecido hoy.

La tarde ha transcurrido de forma algo más amable para mis maltrechas neuronas, y también maltrecho cuello, porque la postura que escogí para dormitar sobre el váter me hace parecer ahora una bicicleta a medio aparcar.

Antes de coger el coche para volver a casa me he permitido el lujo de dejar una sugerencia en el buzón de empleados. “Reposacabezas para los váteres, por favor”, que somos muchos los padres sufridores que nos escondemos tras esas puertas y ya no tenemos las cervicales para dormir estilo ganzúa…

Seguro que te ha pasado alguna vez, confiesa.

Frases que no debes decir a una madre

(1/02/2013) Frases que no debes decir a una madre

El ser humano es metepatas por naturaleza o sólo me pasa a mí, ¿eh?. Miren ustedes que intento decir siempre la frase correcta en el momento adecuado, que me entreno toda yo para ser la más discreta y mesurada, pero no sé por qué alguna neurona se me descoloca en el último momento y acabo diciendo cosas bobas como las de ayer por la tarde…

Salía de recoger a Marina de la guardería cuando me encontré con la madre de una niña de su clase a la que no veía desde hacía tiempo. Después de los besos y abrazos de rigor detecté que algo había cambiado en su organismo y sin pensarlo dos veces exclamé entre grandes aspavientos de felicidad "¡¡Qué bien. Estás otra vez embarazada!!"

Antes de que pudiera seguir metiendo la pata con una retahíla de preguntas indiscretas tipo... ¿Estás contenta? ¿Te sientes bien? ¿Cómo fue?.... sus ojos me pararon en seco. La pobre mujer no tenía la más mínima idea de lo que le estaba hablando, por lo que deduje que no, no estaba embarazada. Su contorno corporal había aumentado, cierto, pero más parecía fruto de la ingesta de calorías a doble moflete, que de un desarrollo gestacional pronunciado. Que se había puesto como un tonel, vamos, y mi metedura de pata supongo que no hizo más que agravar su estado de ánimo.

Caminando cabizbaja hasta casa, pensando en cómo podría coserme la lengua al paladar sin que me doliera en exceso, se me ocurrieron un sinfín de frases que jamás de los jamases debería oír una madre…

- ¡Qué bonito jersey! Yo tuve uno parecido hace muchos años. Si eres madre sabrás que tras dar a luz los armarios se renuevan con una lentitud pasmosísima, como de tortuga grande y vieja. No seas bruja y no se lo recuerdes, que seguro que el tuyo anda igual… ¿O ves normal esos pantalones pesqueros que llevas?

- A mí también se me cayó el pelo después del embarazo. ¿Alguien te ha pedido opinión o es tan manifiesta su alopecia que no te puedes ver callada? Aunque pienses que las frases que empiezan por "A mí también" duelen menos, te equivocas. Nada importa que tú pasaras por ello si ella se ve en esos momentos como una bola de billar.

- Ahora tienes que comer por dos. ¡No! ¡Eso nunca! Craso error. Si le dices eso a una embarazada ella comerá por cuatro. O por seis. Dejemos que coma para ella misma y lo demás ya se irá viendo...

- Cada día te pareces más a tu madre. Aunque le llene de orgullo porque su linaje le parezca lo más, en el fondo le estás diciendo que se hace mayor más rápido de lo que piensa. Y eso no mola.

- Si tú no estás calmada y centrada tus hijos lo notarán y tampoco estarán bien. Ok, ¿por qué no aprovechas también para echarle la culpa de los activos tóxicos, el paro y la muerte de Kennedy? Un poquito de empatía y comprensión, señoras, que sentirse responsable de todo lo que le pase al bebé ahora y en el futuro es muy agotador…

Si se me ocurre alguna más ya la añadiré a la lista, o quizá me las tatúe, así recordaré que no debo pronunciarlas… ¡jamás!

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