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Un día el psiquiatra, Freudember, que trabajaba en una clínica para toxicómanos de Nueva York, observó que al año de trabajar, la mayoría de los voluntarios sufrían una progresiva pérdida de energía, hasta llegar al agotamiento; síntomas de ansiedad y de depresión, así como desmotivación en su trabajo y agresividad con los pacientes. Fue el primero en describir los síntomas de este síndrome que se ha convertido en habitual en los trabajadores de muchas empresas.
Igual es el momento de ver si tienes alguno de los siguientes síntomas:
Psicosomáticos: fatiga crónica, trastornos del sueño, úlceras y desordenes gástricos, tensión muscular.
De conducta: absentismo laboral, adicciones (tabaco, alcohol, drogas)
Emocionales: irritabilidad, incapacidad de concentración, distanciamiento afectivo.
Laborales: menor capacidad en el trabajo, acciones hostiles, conflictos.
El síndrome de burn-out no es exclusivo de gerentes de empresas, sino que ataca directamente a deportistas de élite, así como a profesiones de auxilio como enfermería, medicina, profesorado, etc. En la población en general, afecta especialmente a las mujeres que son atacadas por el síndrome más frecuentemente que los hombres.
En general, el síndrome de estar quemado o de desgaste profesional, se considera como la fase avanzada del estrés profesional y se produce cuando se desequilibran las expectativas en el ámbito profesional y la realidad del trabajo diario.
Las causas que afectan al individuo en el inicio de la aparición de esta enfermedad, se reconocen en varias etapas y son:
1.- Exceso de trabajo
2.- Sobreesfuerzo que lleva a estados de ansiedad y fatiga
3.- Desmoralización y pérdida de ilusión
4.- Pérdida de vocación, decepción de los valores hacia los superiores
¿Cómo superar el burn out?
Para ayudar a superar esta situación se sugiere poner en práctica una serie de medidas preventivas en la propia empresa:
-Facilitar la comunicación y participación en la organización.
-Ofrecer soporte a la persona afectada.
-Diseñar cada puesto de trabajo y responsabilidades de cada trabajador.
-Desarrollar el grupo, lo cual permite superar el aislamiento de los trabajadores afectados por el síndrome.
-Establecer programas de intervención y prevención.
-Formar sobre el burn out a los directores, mandos intermedios y miembros concretos del propio personal.
-Las empresas deberían adoptar una estructura horizontal, más descentralizada, en la que permita que los individuos tengan un mayor grado de independencia, que se ofrezcan promociones internas justas, con una mayor flexibilidad horaria. Cuanto mayor grado de control tienen las organizaciones, más aumenta las desmotivación que les puede llevar a casos de burn-out.
Esta enfermedad con una clara presencia en el ámbito laboral, no esta reconocida por la legislación laboral española como patología, pero en muchos casos como desemboca en una depresión más o menos duradera y esto suelen suponer bajas con tiempo indefinido.
Actualmente, lograr unas organizaciones sin burn-out puede parecernos una utopía pero tenemos que trabajar para que esta enfermedad aparezca lo menos posible en nuestras empresas y así no se convierta en una de las enfermedades profesionales del siglo XXI.
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